Perfil personal

Nombre: Eduardo Alejandro Unda Sanzana (o Unda-Sanzana).

Signo zodiacal: Piscis. Las supuestas características de este signo que comparto son el gusto por el agua, la serenidad de espíritu y un cierto desasosiego místico. Las que no comparto (o las que tengo de otros signos) son muchas más, lo que da la medida del valor de la astrología.

Nacionalidad:
Legalmente resignado a la nacionalidad chilena, pero sin una base significativa de elementos comunes con la cultura chilena. Chile es el país en que vivo, pero ni me apasiona más ni me hace sentirme más representado que otros países de América Latina o incluso de Europa. Creo que el mismo concepto de nacionalidad es una cuestión que te inculcan que asumas porque estabiliza el sistema, pero que no tiene importancia per se. Pienso que si se define “nacionalidad” como el sentido de pertenencia a cierto grupo con que se comparten tradiciones, valores, historia, entonces mi nacionalidad no está delimitada por límites geográficos sino más bien por límites de conciencia. En cada país que he visitado he encontrado algun@s de es@s connacionales.

Religión: Ateo. Aunque mi profesora de filosofía insistía en que en este caso mejor nos presentáramos como agnósticos (estudié en el Colegio Salesiano de Concepción y, como en cualquier colegio religioso, esto venía a ser una norma básica de supervivencia) desde la Enseñanza Media me di cuenta que me presentaba como católico por mera inercia, sin sentirlo. Me rehusé a hacer la confirmación por respeto a lo que significaba. Para actuar en consecuencia con lo que (no) creo he intentado ya por años salirme oficialmente de la Iglesia Católica en la que estoy inscrito tras mi bautizo (a una edad en la que malamente hubiera podido juzgar si quería estar allí o no). El trámite se llama apostasía, pero aunque en países como España es relativamente trivial hacerlo, en Chile la Iglesia Católica no da fácilmente la información. Es una pena, pues encuentro poco considerado con sus fieles engordar las estadísticas con personas que manifiestamente desean no participar. En fin, es su institución.

Género: Mixto. Como los colores en el espectro electromagnético, creo que “hombre” y “mujer” son etiquetas que designan posiciones específicas en un espectro de género. El amarillo es una longitud de onda específica; le agregas un angstrom y ya no es amarillo. Le podrías llamar “un color amarillento” pero ya no es amarillo. Análogamente con el género. Por formación creo que partí con “un género hombriento”, pero uno de mis logros en la vida ha sido dar movilidad a mi posición en el espectro. Éste es otro de esos conceptos que el sistema necesita que introyectes para ganar estabilidad, pero que en realidad no viene contigo desde la cuna. Lo increible es que a veces una generación baste para olvidar que los atributos del género los cambiamos debido a coyunturas históricas, tras lo cual queda claro que no son algo fijo. Un botón de muestra: a comienzos del siglo XX el color masculino era el rosado (pues recordaba la fiereza del rojo, tradicionalmente asociado a la sangre, a la guerra) y el femenino era el celeste. La reversión de colores se dio tras la Segunda Guerra Mundial, y, al menos según una teoría, por influencia del pensamiento nazi en asociar rosa con homosexualidad. No hay, por tanto, nada que haga de un color u otro algo propio de un género específico más allá de lo que decidamos como cultura al respecto. Entendiendo entonces que mi género es algo que puedo diagnosticar observando qué me gusta, qué quiero, cómo actúo, etc. a ojos de cualquier arbitraje creo que sería inmediatamente obvio que la mezcla de cosas que me gustan no corresponde en su mayoría a un género u otro, por lo cual “mixto” puede ser un buen resumen.

Orientación sexual: Aún descubriéndola. He sido más bien heterosexual durante mi vida pasada, pero no veo que esto deba ser siempre así.

Actitud política: Activista. La política es algo sobre lo cual no se tienen certezas sino que más bien se cree. Yo creo que es posible hacer un mundo justo a través de reformas inteligentes. Éstas requieren un compromiso de parte de personas que tienen una visión de cómo será ese mundo, y ese compromiso debe traducirse en acciones para ser relevante. Protestar frente al televisor no cambia nada: es afuera donde importa hacerlo. Estar en la protesta callejera, pero también escribir cartas, reclamar, felicitar, proponer ideas concretas de qué hacer, abrir los ojos a la gente que está siendo pasada a llevar y que, por costumbre, por flojera, porque todo sigue igual, no hace más que quejarse con quien no puede cambiar las cosas (típicamente con el guardia, con la cajera o con cualquier emplead@ menor que, intentando salvar su trabajo, opina que todo está bien) de modo que convierten lo que podría ser un acto de transformación social en un abuso de poder. Sé que mi reformismo es visto con escepticismo por parte de ciertas personas de izquierda, que ven en un cambio radical de sistema la única solución. No me sustraigo a esa crítica: si me proponen algo que funciona y que no será cambiar unos abusos por otros, me sumo de inmediato. Mientras ese día llega, creo que no puedo quedarme sentado amasando ideas abstractas pues también es necesario hacer cosas ahora. Otra opción transformaría la vida en una mala película de Holywood, en que esperamos a un episodio que es el único importante y que no tiene día después. La vida tiene estructura de proceso, no de objetivo, así que si nos interesa vivirla con una cierta ética, debemos tratar de mostrarnos impecables a todo lo largo de ella.

Tendencia política: Más hacia la izquierda, pero admitiendo una mezcla ecléctica. Mi falta de alineamiento me ha costado muchas veces (ahora que lo pienso, parece que en todas las veces en que esto ha sido relevante) que me han atribuido una filiación que no es correcta. Lo raro es que la gente no pregunte. Hace años, cuando mantenía un sitio web de Inti Illimani y de Patricio Manns, cualquier persona con que me encontraba inmediatamente pensaba que era de las JJCC. Cuando alguien hablaba conmigo y sabía que me había interesado conocer a Miguel Serrano, entonces pensaban que tendría alguna tendencia hacia la ultraderecha, que sería pinochetista, etc. Y así. La verdad es que ningún grupo me hace sentirme pleno, y siento más bien como un obstáculo la partidización del pensamiento y los actos. Hay cosas que me repugnan, como actuar sin dar la cara, y eso me ha alejado de muchos movimientos de gente joven de izquierda (que curiosamente admiran al Ché Guevara quien, hasta donde sé, no usaba capucha). Pero otro tanto me disgusta esa concepción de una sociedad empresarial, según la cual una actividad debe ser rentable para ser importante, o esa ilusión estúpida de la derecha de que una persona logra lo que corresponde a sus esfuerzos.

Back to Top